LA SALUD EN EL LENGUAJE POPULAR: DICHOS REFRANES Y CANCIONCILLAS
Juan Manuel Jerez Hernández
Granada, 22 de junio de 1995
Ilustrísima señora Delegada de la Consejería de Salud en Granada y demás autoridades que presiden este acto. Señoras, señores, queridas y queridos ex…alumnas y ex…alumnos:
Me ha correspondido pronunciar la última lección del curso que hoy finalizamos y agradezco profundamente a la Dirección de la Escuela haberme propuesto tal honor, pues ello, como quien aprovecha las despedidas agotándolas hasta el último momento, supone la ocasión de prolongar al máximo mi relación profesional con los alumnos de esta promoción, con la que me unen lazos de empatía.
Durante el periodo de formación, se ha utilizado un lenguaje especializado, imprescindible para el profesional; pero no se puede obviar la existencia de otro léxico, llano y sencillo, mas apropiado para hacernos inteligibles con la gente del pueblo, quienes van ser a partir de ahora el objeto de nuestras actuaciones profesionales. Porque ¿que pasaría si a un hombre de campo le decimos que, "según las etiquetas diagnósticas de la taxonomía de la NANDA, usted padece un déficit de confort relacionado con una dilatación de los vasos sanguíneos de la porción distal del recto"? pues, probablemente decidiría vender el tractor y la vaca para ir a ese hospital donde han operado a Carlos Cano, a ver si le salvan la vida a él también. Pero si le decimos: "Mal se sienta y mal se siente, quien almorranas tiene", probablemente entenderá mejor cual es su mal y las medidas paliativas necesarias.
Pensando en ello, y para intentar conectar con la cultura popular a la que tanto debemos, he elegido como colofón del presente curso académico, un epítome sobre LA SALUD EN EL LENGUAJE POPULAR, expresado en DICHOS, REFRANES Y CANCIONCILLAS, que por la brevedad que exige este acto, han sido estrictamente seleccionados de un mas amplio trabajo etnográfico.
De todas las formas de la literatura oral, los refranes son el exponente más exacto y transcendente de la filosofía popular. Son vehículos de expresión dentro del contexto de la cultura, pues constituyen un método útil de definir o concretar situaciones, ya que usa un léxico sencillo, llano, gráfico y fuertemente expresivo; pero que no responden a una aguda intuición, sino que sintetizan experiencias repetidamente comprobadas.
Cada refrán tiene dos partes, de manera que al decirlo se le imprime un ritmo similar al del pareado. En la primera parte se presenta la situación, y en la segunda, se extrae la conclusión. Por ejemplo: "Aguja fina, saca espina”. De cada uno de ellos se desprende siempre una consecuencia práctica, de orden moral o de conducta.
No conocemos su origen exacto, pues para ello sería preciso remontarse hasta tiempos donde nos falta el testimonio escrito y cuando llegásemos a la expresión romanceada más primitiva, a lo mejor descubríamos que ésta es el trasunto de otra forma más primitiva aún, en la que podrían estar los refranes.
Lo cierto es que el uso de los refranes, con las lógicas fluctuaciones a través de las épocas, no ha decaído nunca, pues es una figura viva, que se adapta al lenguaje y contenido de cada tiempo.
Naturalmente, entre tan amplio bagaje de sentencias, no podían faltar las relativas a la salud, en sus mas variados aspectos, ya que es un tema que preocupa a la población y sobre el que es fácil dogmatizar.
Cuando la salud se pierde y viene el desánimo, es difícil recobrarla, por eso el pueblo opina que: "La mayor salud, o señal de ella, es desearla el enfermo".
Pero ésta se evidencia principalmente en la normalidad de las funciones del organismo: "Quien caga duro, bebe fuerte y mea claro; no necesita médico ni boticario".
Pero cuando los problemas vienen, solemos acordarnos de Dios y los santos: "Salud perdida, velas encendidas; salud recobrada, velas apagadas".
El frío es un agente lesivo importante, por eso aconseja este refrán: "Si quieres llegar a viejo, abriga bien el pellejo". Si bien, cambiar de clima es saludable, por eso nos dicen: "El solo mudar de aires cura muchas enfermedades".
Pero, sin lugar a dudas, lo que más influye en la salud es la alimentación, de cuyos excesos nos advierten muchos adagios como éste: “Mas vale quedar con gana, que estar enfermo mañana", pues ya se sabe que: "Más de cenas que de penas, están las sepulturas llenas”.
El reposo del aparato digestivo constituye la mejor terapia para la consecuencias de los excesos: "Comer hasta enfermar, ayunar hasta sanar", incluso es útil para remediar otros males; por lo que se dice: "Dieta y no recetas y tendrás salud completa".
Claro que en eso de la racionalidad en la comida no conviene pasarse, como se advierte en esta descriptiva sentencia: "Con las malas comidas y peores cenas, menguan las carnes y crecen las venas".
Tan importante como la cantidad, es la variedad de los manjares, pues cada uno de ellos tiene sus propiedades, así explica la sabiduría popular el aporte proteico de la carne, el calórico de los hidratos de carbono y… las "ventajas" del alcohol: "La carne pone carne, el pan pone panza y el vino guía la danza".
Tras comidas relativamente copiosas, como suele ser el almuerzo, se requiere reposo, por eso la más fuerte se hace al mediodía: "Después de comer, dormir; después de cenar pasos mil", porque acostarse sin digerir la cena no es saludable, ya que: "El buen comer y el buen dormir, juntos no suelen ir".
Para digerir bien los alimentos es necesario comer sin prisas; clásicamente se ha entendido que "El yantar y el vaciar, despacio se ha de tomar", referido también a la evacuación intestinal, cuyo funcionamiento es regulado por algunos alimentos, tanto en la evacuación de sólidos: "Entre el arroz que atrapa y las uvas que sueltan, está la cosa resuelta", como en la evacuación de gases: "No comas judías cuando hayas de andar entre gente de cortesía".
La importancia de la reposición hídrica es notoria y, desde luego la mejor bebida, y la más barata, es el agua, como se afirma en este adagio: "Agua no emborracha, ni enferma ni entrampa". Claro que para ello debe reunir sus conocidas características organolépticas, por eso el refranero dice: "Agua que mucho huele y a algo sabe, que otro la trague".
Importante papel en la salud juega el alcohol, sobre todo el vino, pero siempre que se tome como aconseja esta sentencia: "El vino poco, puro y a menudo".
Sobre sus bondades se ha dicho mucho, pero resumamos en esta máxima la importancia que el pueblo le confiere: "En Jerez de la Frontera, tienen por boticas las bodegas". Bien es cierto que entre sus cualidades está la de vencer la timidez y estimular la locuacidad, por ello la cultura popular sentencia: "En cada botella de vino, hay un Castelar escondido", en ingeniosa alusión a aquel político de finales del pasado siglo cuyos célebres discursos aún se tienen por modelo de elocuencia.
Claro que entre ganar elocuencia y perder la razón, hay un paso muy corto, ya que: "Bebido el vino, perdido el tino". Pero los perjuicios de esta bebida son mas graves, como tajantemente afirma este refrán: "Baco a muchos ha matado, Neptuno a ninguno". Claro que para minimizar los efectos del alcohol, lo adecuado es procurar su pronta eliminación: "Quien no sepa mearlo, no debería catarlo".
El descanso es otro de los factores imprescindibles para conservar la salud, por eso se dice que: "El sueño es media vida y la otra media, la comida". Pero aquí también los excesos son malos: "Deja la cama al ser de día y vivirás con alegría".
La relación entre la constitución del organismo y el carácter de las personas también es recogida por el refranero. Así el tamaño de la cabeza, no es proporcionar a la inteligencia, pues dice el refrán: "Cabeza grande y gran cabeza, son dos cosas muy diversas".
El tamaño de la nariz parece tener relación con la masculinidad; así se dice que: "Hombre narigón, mujeriego y burlón", mientras que lo contrario no se considera virtud: "Con chatos y beatos, no quiero tratos".
A la mujer nariguda se le supone un temperamento hombruno, por lo que la característica contraria es signo de feminidad, al menos en el aspecto físico: "A gran chatera, gran pechera" y de un carácter más agradable: "Chatunguilla, desenvuelta y graciosilla".
A las personas grandes se les considera más pasivas y noblotas: "Hombre granducho, hombre blanducho", mientras que a las pequeñas se le atribuye un carácter mas activo: "Hombre chico, mas que hombre es mico", pero malicioso, como se afirma en esta expresiva aunque lacónica sentencia: "Hombre chico, venenico"; no en balde hombres que en la Historia se han caracterizado por su carácter dominante han sido de talla pequeña, como Napoleón, Hitler, Franco… y José María Aznar, lo cual no nos sorprende si tenemos en cuenta que: "La pimienta es chica, pero pica".
En la mujer se relaciona la anchura de las caderas con la capacidad reproductora y, sobre todo, la facilidad a la hora del parto. A eso puede referirse esta coplilla recogida en la zona alpujarreña de la Contraviesa:
" Cortijerilla la quiero / que tenga buenos jamones,/ que de esas cortijerillas / nacen los cortijerones".
Bien es cierto que también puede referirse al mayor tamaño y fortaleza de los niños que son alimentados con una dieta rica en proteínas, que los que se criaban con grasas e hidratos de carbono, como era habitual entre la gente pobre. Pero el doble sentido es una constante en los dichos de esa singular tierra.
El defecto contrario se expresa en esta otra canción popular en la que el novio dice a la novia:
" Aunque tu padre nos dé / la huerta y la mula blanca, / no me he de casar contigo / porque eres estrecha de ancas."
Esta amplitud de caderas hace que la marcha sea oscilante, moviéndose las nalgas a ese compás, lo que resulta excitante y hace exclamar: "¡Ea, ea! Que la que mucho culo tiene, bien lo menea".
No es parco el refranero cuando se refiere a las etapas del ciclo vital humano:
El primer acto tras el nacimiento es llorar: "La pulga nace saltando y el hombre llorando". Pero el elemento vital del infante es la alimentación, por eso: "Criatura de un año, saca leche del calcaño", refiriéndose al gran apetito de los niños de corta edad. Más concreto es éste: "Cuando el niño quiere dientecer, querría las hiervas pacer". Claro que durante la dentición se suele producir un mal estado general en muchos niños, que este refrán refleja algo exageradamente: "Cuando el niño dientece, la muerte le acomete".
La pubertad en el joven se manifiesta, entre otros caracteres por el bozo, ese bigotillo de pelusa al que maliciosamente alude un refrán celestinesco: "Moza, guárdate del mozo cuando le sale el bozo".
En la mujer es la turgencia de los pechos: "Cuando a la moza le apuntan las tetas, ¡zapateta!".
Es entonces cuando comienza la atracción sexual, por eso se advierte: "Habla el mozuelo con la mozuela y el diablo le hace la rueda".
Las manifestaciones de cariño mas frecuentes en las relaciones entre adolescentes son los besos, placer poco malicioso si no fuera porque: "Dar un beso es muy justo, lo malo es tomarle el gusto". Por eso el saber popular advierte: "Besos no rompen huesos, pero son camino de otros excesos".
Sobre la sexualidad hay gran cantidad de proverbios, pero los resumiremos en éste en que la sabiduría popular aconseja sobre la frecuencia de las relaciones: "Una vez al año, ni a los viejos le hace daño; una vez al mes, es tratarse a lo marqués; una vez a la semana, es cosa sana, dos veces por semana, ni mata ni sana; y una vez al día, es una porquería".
Pero abusar del sexo tampoco es bueno, por eso dice esta lacónica advertencia: "Date a eso… y te quedaras en los huesos".
Sería lógico que el comienzo de la atracción sexual y de la capacidad de procrear determinase la edad del matrimonio, tal y como pide la moza que exclama: "Madre, al vasar llego; marido quiero". Pero la realidad es que el momento de casarse se decide por razones familiares, sociales y económicas, que se resumen lacónica y sentenciosamente en este refrán: "Él cuando sepa ganar, ella cuando sepa gastar".
Para unirse en matrimonio, es conveniente que ambos miembros de la pareja tengan edades similares y haya ciertas condiciones económicas, porque si no, puede ocurrir que: "La que casa con viejo rico, buenos días y malas noches y si es con joven pobre, malos días y buenas noches". Y en todo caso, las edades extremas no son buenas, porque: "Viejo que casa con niña, las diña".
En cuanto al embarazo, cuando es deseado se soporta todo, por eso se dice "Bendito sea el mal que a los nueve meses se ha de quitar". Claro que a veces se produce como consecuencia de deslices ocasionales, como los anunciados en esta calculadora sentencia: "La que anduvo de fiesta en carnaval, en noviembre llorará".
Las primeras evidencias del embarazo son los cambios que se producen en el cuerpo de la mujer, por eso se dice: "A la que está encinta, se la conoce por la pinta". La embarazada entonces hace sus cuentas para determinar la fecha probable del parto, pero, independientemente de ellas, éste se produce cuando el hijo está en condiciones de salir, como intuye este proverbio: "Bien cuenta la madre; mejor cuenta el infante".
Cuando el parto es complicado, se recurre a la ayuda divina. El patrón de las parturientas es San Ramón Nonato, por lo que no es raro oír suplicar: "San Ramón Nonato, ciérrame la boca y ábreme el papo". O en la zona de Sigüenza, de la que es patrona Santa Librada que además se la tiene por protectora de los partos difíciles, suele exclamarse: "Santa Librada, ¿porque no es la salida como la entrada?".
Las ventajas de la lactancia materna siempre han sido incuestionables, por eso se dice: "Madre, la que lo pare y más madre todavía la que lo pare y lo cría", aunque ello no sea nada placentero para la madre, ya que: "Cada chupetón de teta es un arrugón de jeta".
La menopausia se manifiesta principalmente por la falta de la regla en la mujer, por eso se dice "A los cincuenta, ya no hay cuenta". Pero en el hombre ese declive es más tardío, pues ya sabemos que: "El viejo pierde el diente, antes que la simiente". Aunque a cierta edad, hay que andarse con cautela porque "Ofrecerse a Venus, el viejo es cumplir mal y arriesgar el pellejo".
La vejez es época donde suelen surgir bastantes problemas de salud, algunos de los cuales predisponen a la muerte: "De los mozos mueren algunos, pero de los viejos no escapa ninguno. Por eso hay que prevenir los males que pueden conducir a la muerte, como por ejemplo: "Caída, casamiento y catarro, llevan al viejo al otro barrio".
Pero al final la muerte nos llega a todos, aunque no se sabe cuando: "La muerte es traidora, nunca dice el día y la hora". La mayoría de las muertes suceden tras larga enfermedad: "Dolencia larga, lleva la muerte en zaga". Pero al fin al cabo, según la sabiduría popular: "Nadie se muere hasta que Dios quiere", aunque a veces los humanos con su intervención alteran los designios divinos, pues: "Médico nuevo, en dos años echa la solería al cementerio".
Cuando una persona está enferma, suele preocuparse mucho; por eso el refranero afirma simbólicamente: "El que le duele el dedo, se lo mira a cada credo". También suele transmitir la preocupación a sus allegados: "Dolor de diente, dolor de pariente".
A las patologías leves el pueblo les quita importancia: "Enfermedad que no estorba para dormir ni para comer, poco médico ha menester".
Para las enfermedades crónicas, de difícil curación, tiene el refranero sus sentencias, válganos ésta. "Mal que se hizo viejo, se suelta con el pellejo".
Pero cuando hay enfermedad, es necesario acudir a buscar el remedio a través de los profesionales, a pesar de que: "Fácil es recetar, pero difícil curar". Claro que hay quien prefiere vivir con las molestias de la enfermedad antes que afrontar los riesgos del tratamiento, por eso opinan que "Viva la gallinica con su pepitica", quizás porque entienden que "Mas matan las recetas que las escopetas" o porque piensan que "Dios da la curación y el médico se lleva el doblón".
Si se ha de confiar en los profesionales no es conveniente ir de uno a otro contrastando la opinión de todos, juntos o por separado, porque: "Un médico cura, dos dudan, tres muerte segura".
En todo caso hay que buscar un profesional serio y preparado y no como: "El físico de Montalban, que tomaba el pulso en el calcañar" o como: "El hijo del doctor Galeno, que al que no estaba malo, lo ponía bueno".
El enfermo ha de confiar en el médico, de ahí este refrán consejero: "Al médico, confesor y letrado, no le tengas engañado", pero el médico no debe ser charlatán y decirle a el enfermo: "no se preocupe, que eso en dos días está curado", porque ya lo dice el refranero: "Médico pronostiquero, médico embustero".
En todo caso y, aunque se tenga confianza en el médico, hay que saber guardar las distancias, como nos advierte este suspicaz refrán: "Mal hace el enfermo que nombra por su heredero al médico", quizás para evitar malas tentaciones, porque, al fin y al cabo: "Lo que el médico yerra, lo tapa la tierra".
Poco refranes se refieren a los enfermeros, pero tan claros como éste: "Enfermera con sueño, ¡Ay del enfermo!", lo que demuestra que lo que el pueblo espera de los enfermeros es diligencia, constancia y preocupación por el enfermo; que son las mejores virtudes de todo profesional de Enfermería.
Por último, y fuera del tema de esta lección, abusando de su paciencia o de su indulgencia, quisiera dirigir unas breves frases de despedida a estos nuevos profesionales que abandonan hoy nuestro entorno académico:
Al final de este acto, entonaremos el "Gaudeamos" o himno universitario, que comienza diciendo, en latín para disimular, "Alegremonos pues somos jóvenes, después de esa alegre juventud llegará la molesta senectud que nos convertirá en polvo".
Pues bien, a partir de este momento vais a comenzar la carrera, larga y lenta, pero inefable, hacia esa senectud que acabará en polvo, como, según la Santa Madre Iglesia, fue nuestro origen. Como los discípulos de Cristo, os repartiréis por la faz de la Tierra, aunque no para predicar la buena nueva. Unos iréis lejos, otros quedareis por estos alrededores. La mayoría en hospitales, otros Atención Primaria, siendo, quizás, el mas sabio quien acierte a buscar la placidez de la aldea. Puede que alguien se dedique a la noble tarea de la docencia creyendo, en vano, que estando entre jóvenes, nunca perderá la juventud. Algunos, ¡Dios no lo quiera! se desposarán con la política y puede que lleguen a diputados o a ministros.
En todos los casos yo ruego a la diosa voluble y arbitraria que rige el destino de las personas, que vuelque sobre vosotros los dones de su favor… Pero por mucho que quiera protegeos nunca os dará tanto como habéis tenido. Puede que os lleve a lo que los cortos de vista llaman "la cumbre", pero nunca volverá a poneos tan altos como habéis estado… porque, aunque sigáis estudiando, que seguiréis; nunca, jamás, volveréis a ser estudiantes.
¡Que tengáis suerte!.
Muchas gracias